USB-C ha facilitado la vida de muchas maneras. Ese pequeño conector se usa en móviles, tabletas, ordenadores y muchos accesorios. Aun así, ocurre que un cable funciona perfectamente para cargar, pero se niega a mostrar imagen en una pantalla externa. O que la transferencia de archivos tarde bastante más de lo esperado.
La explicación es que USB-C describe el conector, no todo lo que el cable puede hacer. Un cable puede estar diseñado para una carga sencilla, mientras que otro gestiona grandes volúmenes de datos y señales de vídeo. Aquí repasamos tres situaciones habituales y te mostramos cómo elegir el cable adecuado sin pagar por funciones que no necesitas.